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Acciones 09.10.26

Los jóvenes apuestan a la Bolsa antes que al mercado inmobiliario

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La Semana de Bienvenida (Freshers’ Week), el ritual de iniciación a la vida universitaria británica, suele ser un torbellino de pintas baratas y pistas de baile pegajosas. Para Sophie Blank, nacida en Alemania, fue la puerta de entrada a otro rito de pasaje del Reino Unido: subirse a la escalera de la propiedad. Sus nuevos compañeros, recién salidos del colegio, ya estaban planeando cómo llegar a la casa propia, cuenta. Hoy, con 33 años, trabaja en inteligencia artificial y creación de contenidos, publica sobre finanzas personales en redes sociales y dice estar “felizmente de alquiler” en Notting Hill, en el oeste de Londres. En vez de comprar, destina sus ahorros a acciones. Comprar una propiedad, sostiene, puede esperar.
En Alemania, la mayoría alquila. En el mundo anglosajón, en cambio, se compra apenas se puede, y durante mucho tiempo así se construyó gran parte del patrimonio, con el impulso de las políticas de fomento a la vivienda que proliferaron en la posguerra. En Estados Unidos y Canadá, los propietarios son más ricos que los inquilinos, y esa brecha se fue ensanchando. En Gran Bretaña, según estimaciones de la Yorkshire Building Society, una entidad de crédito, al llegar a la edad de jubilarse los dueños tienen en promedio casi 800.000 libras (1,1 millones de dólares) más que los inquilinos, y la propiedad explica casi la mitad de esa diferencia. En Australia, uno de cada siete contribuyentes tiene una propiedad de inversión.
Hoy ya no está tan claro que el ladrillo sea el camino a la riqueza, sobre todo para los jóvenes. Aunque los mercados inmobiliarios de muchos países se enfriaron últimamente, siguen cerca de sus máximos históricos una vez descontada la inflación, según las últimas estimaciones de The Economist. Para muchos, comprar es directamente impensable: en Irlanda, tres de cada cinco jóvenes de entre 18 y 34 años viven con sus padres. Pero además el inmueble resulta menos atractivo como inversión. A medida que las tasas de interés más altas enfrían los precios, los hogares generan más riqueza con acciones que con propiedades, lo que da vuelta una tendencia de dos décadas. De los u$s40 billones que se sumaron a la riqueza de los hogares del mundo en 2025, el 57% provino de las acciones y el 15% de la propiedad. Es un contraste marcado con los 25 años previos, en los que los inmuebles aportaron en promedio el 52% y las acciones el 26%, según el McKinsey Global Institute (MGI), el centro de estudios de la consultora.
Estados Unidos está en el extremo de este reacomodamiento. En julio, las acciones superaron a la propiedad como proporción de la riqueza de los hogares por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, según cálculos de Goldman Sachs. El auge de la inversión en bolsa es especialmente fuerte entre los jóvenes que quedaron afuera del mercado inmobiliario. La proporción de chicos de 25 años que habían puesto plata en cuentas de inversión se multiplicó por seis entre 2015 y 2024, según JPMorgan Chase, una tendencia que el banco sugiere que podría estar ligada a los altos costos de la vivienda.
La fluctuación en el valor de los activos explica buena parte del cambio. Moody’s Analytics proyecta que la suba anual promedio de los precios de las viviendas en Estados Unidos se moderará al 2,1% entre 2026 y 2035, frente a alrededor del 5% de la última década. En Inglaterra, mientras tanto, la casa promedio vale hoy menos en términos reales que hace veinte años. Las acciones, en cambio, están en pleno auge: la relación entre el valor de mercado del capital accionario de las empresas y el valor contable neto de sus activos llegó a un récord, que supera en un 50% los picos de la burbuja puntocom, afirma Jan Mischke, del MGI.
Las políticas públicas también cambiaron. Los gobiernos están desarmando las exenciones impositivas y los subsidios que ayudaron a inflar los precios de los inmuebles. En mayo, Gran Bretaña introdujo nuevas protecciones para los inquilinos, que los resguardan de las pujas por ofertas, los aumentos excesivos de los alquileres y los desalojos sin causa. En 2023, Canadá prohibió que los extranjeros compren propiedades, una restricción que vence en 2027. Como resultado, la inversión especulativa está en retirada: los propietarios británicos que compraron para alquilar venden a un ritmo récord y las ventas de departamentos en edificios (condos) en Toronto se desplomaron. En Estados Unidos cayó la cantidad de casas que se compran para refaccionar y revender, y los márgenes de ganancia se achicaron.
Alejarse del ladrillo tiene sus ventajas: frenar el boom inmobiliario reduce el riesgo de una crisis financiera como la de 2008. (Eso sí, las bolsas también pueden derrumbarse, y mucho más rápido). Pero además refleja un cambio de mentalidad. Los jóvenes están cada vez más desencantados con la idea de que el ladrillo garantice seguridad financiera, a juzgar por las respuestas a las publicaciones de Blank en redes. Aunque la propiedad “funcionó de maravillas para las generaciones mayores”, los jóvenes de hoy “solo pueden soñar” con alcanzar el mismo patrimonio inmobiliario, dice.
Ámbito Financiero